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Liderazgo inclusivo o la era de los equipos “multi”

Sábado 21 Febrero 2015

El líder inclusivo deberá tener capacidad para motivar, generar confianza y trabajo cooperativo dentro de equipos heterogéneos, equipos de hombres y mujeres que son reflejo y consecuencia de la realidad social.

Vivimos una época de profundas transformaciones. Es este, tal vez, el momento clave de transición hacia un modelo diferente, en él puede que ya no nos sirvan gran parte de las recetas y conocimientos que nos han resultado válidos hasta ahora.  En este nuevo mundo, zarandeado por un terremoto renovador, la relación entre el ámbito social y económico es cada vez más patente e inextricable. El éxito de nuestra adaptación al nuevo paisaje resultante dependerá de la capacidad que tengamos para abandonar viejas e inútiles concepciones y para aprender y asumir las nuevas reglas del juego.

Inmersos en esta sacudida de la civilización, el rol del líder ha de transformarse también ineludiblemente. Su visión, por tanto, deberá de ser tan amplia que le ayude a abarcar los planos entrelazados que componen la realidad. El nuevo o la nueva líder, ha comprendido que el pulso de la sociedad y el de la actividad económica (con la participación transversal de la política) son un mismo pulso. También ha entendido que las antiguas reglas ya no sirven para interpretar el nuevo mundo.

Si aterrizamos en el ámbito específico de la empresa (la empresa global en el mundo interconectado), las formas de liderazgo aplicadas hasta ahora carecen de sentido. Al viejo líder, centrado casi exclusivamente en la generación de resultados, se impone el nuevo, que sabe que ningún objetivo económico será factible si no es acometido desde la comprensión, implicación e interrelación con la sociedad. El líder derrocado era una especie de “superhéroe” capaz de echarse la empresa a la espalda para asumir todos los desafíos y apagar todos los fuegos, asistido por un grupo adiestrado, controlado y lo más homogéneo posible. Y a veces hasta lo conseguía. El líder emergente es consciente de que solo con sus brazos no podrá abarcar el reto que se le presenta, por eso necesitará ayuda, mucha ayuda. Llegado a este punto, no le quedará otra opción que sustituir sus viejas (inútiles ya) dotes de mando por la capacidad para motivar y generar confianza y trabajo cooperativo dentro de equipos heterogéneos, equipos de hombres y mujeres que son reflejo y consecuencia de la realidad social. Equipos “multi”: multiculturales, multigeneracionales, multidisciplinares, multilocalizados… La colisión de este amplio espectro de diversidad en el trabajo (distintas maneras de ver el mundo, distintas formas de abordar los retos y resolver los problemas) generará confusión, ahondará en la incertidumbre, planteará dudas y permitirá vislumbrar límites y posibilidades. Pero, lejos de temer este contexto, el nuevo líder empresarial celebrará haber llegado hasta aquí y haber propiciado el punto donde el despegue, la creatividad y la innovación son posibles. Este líder sabe que, en un mundo convulso como el nuestro, solo será posible sobrevivir y alcanzar los objetivos marcados si es capaz de crear espacios inclusivos, participativos y diversos que ayuden a someterlo todo a las reglas imprevisibles del terremoto