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El autobús ingenuo

Jueves 22 Octubre 2015

¡Han inventado en Japón un autobús inteligente! Entrecomillaremos “inteligente”, ya que, cuanto menos, tendríamos que denominarlo “ingenuo”. Explicaremos por qué.



 

Esta es la sorprendente noticia que encontramos hace unos días en prensa: “En la ciudad japonesa de Kawasaki ya circula el primer autobús inteligente que identifica el tipo de usuarios (sexo, edad estimada…), así como su número, para servirles mensajes publicitarios ad hoc. Este autobús inteligente dispone de un software capaz de detectar el número de ocupantes, su sexo y hasta su edad para poder determinar qué tipo de anuncios pueden interesarles.”

¿Qué empresa en su sano juicio se fijaría exclusivamente en el aspecto externo de las personas para ofrecerles tal o cual producto? Los rasgos visibles de los consumidores nos ofrecerán una información sesgada sobre sus preferencias. ¿Quién dice que dentro de un cuerpo de 86 años no se esconde un alma joven y dinámica? ¿Tiene sentido querer vender a ese potencial cliente un asidero para que no se caiga en la ducha cuando, tal vez, corra 4 kilómetros diariamente? ¿Es este autobús consciente de los sesgos inconscientes que invaden nuestra mente?

Es obvio que la observación externa puede aproximarnos a la captación de muchas características de las personas, como hace el autobús. De esta forma, conoceremos el rango de edad, sexo, origen étnico o una discapacidad visible. Pero estos rasgos no resultan determinantes a la hora de descubrir las preferencias de nuestros posibles consumidores. Una prospección de mercado cimentada exclusivamente en la observación del aspecto externo de las personas, está olvidando la magnitud completa y compleja de la diversidad humana.

Las personas somos diversas, no solo por nuestras características visibles, sino también por las que no lo son. Es decir, contamos con múltiples rasgos de diversidad intangible, que son más numerosos y definitorios que los relativos a la diversidad visible o tangible. La punta del iceberg (lo que vemos de las personas) no es suficiente para determinar cuáles son las tendencias de consumo. Son los esquemas de pensamiento, nuestra historial vital, los patrones de comunicación, los estilos cognitivos, etc. los que determinan los gustos a la hora de consumir, es decir, todo lo que la cámara del autobús no es capaz de ver.

Lanzar publicidad a los dispositivos móviles de los usuarios del autobús según la edad, sexo u origen étnico (punta del iceberg), se convertirá en un lanzamiento a ciegas, y si se acierta, en la mayoría de ocasiones solo será por casualidad. ¿Quién puede asegurar que ese usuario que viaja con ropa deportiva es un empedernido del deporte y la vida sana? Quizá se trate de un vago que olvidó poner la colada y al que solamente le quedaba en el armario esa ropa, que nunca usa, para ir donde quiera que lo lleve el autobús “inteligente”.
En definitiva, para que el autobús llegue a acertar necesitará algo más que una simple cámara.